Hugo Luis Rivas, profesor universitario en ciencias sociales, en Punto de Partida #479
Hugo Luis Rivas es especialista en Geopolítica y Relaciones Internacionales
La guerra de Israel a Irán debe visualizarse con su verdadera esencia: un ataque al poder emergente de los BRICS, desde un occidente en decadencia.
El enfrentamiento entre Israel e Irán no corresponde en lo absoluto a la imagen que proyectan los medios.
La guerra a Irán es parte del plan «Clean Breake», ordenado por Netanyahu en 1996, que proyectaba siete guerras para moldear Medio Oriente.
El plan «Clean Breake» buscó desde su origen que una minoría israelí de 10 millones de personas controlara el destino de 400 millones de árabes.
Las siete guerras del plan «Clean Breake» incluían al Líbano, Irak, Siria, Irán, Libia, Somalia y Sudan, según el economista norteamericano Jeffrey Sachs.
«Los líderes del G7 son un grupo de mafiosos con actitudes de niños. Israel es una organización de asesinatos y el Mossad, una máquina de matar». Jeffrey Sachs, economista (USA).
Las raíces del enfrentamiento surgieron en un período anterior a la proclamación de la República Islámica de Irán.
Los iraníes fueron víctimas del genocidio más importante de la Primera Guerra Mundial decidido por Reino Unido: entre 6 y 8 millones de personas murieron de hambre.
Para un iraní normal no cabe duda de que el Reino Unido es el primer enemigo de su país.
Durante décadas, Reino Unido y Estados Unidos impusieron en Irán gobiernos serviles a sus intereses.
El verdadero enemigo de Israel es aquel que, desde hace 80 años, siempre se ha encargado de sabotear todo intento de paz entre judíos y árabes: el Reino Unido.
La belicosidad del sionismo hacia Irán, más allá del relato, no tiene nada que ver con la fabricación de una bomba atómica.
El estallido del conflicto armado es una maniobra para ocultar el comportamiento ilegal del argentino Rafael Grossi en la OIEA.

