En estos días, como marca el querido profesor e investigador histórico Néstor Roberto Forero, se cumple un nuevo aniversario de una fecha trascendente para la gestación de la nacionalidad americana, hoy fraccionada en repúblicas como la que habitamos, Argentina. Entre el 5 y 7 de julio 1807 el Regimiento de Patricios encabezó la histórica defensa de la ciudad de Buenos Aires frente al segundo intento de los ingleses de ocupar ambas márgenes del Río de la Plata, con un número muy superior de tropas al que habían utilizado en 1806.
Por entonces, la población de Buenos Aires rondaba los 40.000 habitantes. Los ingleses llegaron a nuestro territorio con 20.000 hombres dispuestos a conquistar militarmente y sojuzgar a nuestro pueblo.
Para tener una perspectiva de la apuesta británica en aquel entonces: la dimensión de ese ejército inglés, en términos actuales, sería de unos dos millones de soldados.
Para nosotros, la Reconquista de Buenos Aires, es un hecho crucial. El ejército de la primera o segunda potencia mundial de entonces, junto a la Francia de Napoleón, será expulsado por un ejército formado por milicias del pueblo, hombres que integraban el Regimiento de Patricios, mujeres niños y ancianos, con tremendo coraje, y con las armas más rudimentarias y agua hirviendo, vencieron al invasor colonial británico.
Entre ellos había santafesinos artiguistas, como el corondino Juan Apóstol Martínez, pero también grandes patriotas federales, como Martín Miguel de Güemes.
La victoria ante los ingleses fue un hecho trascendente: lo militar -que ya se había manifestado en las batallas del Virrey Pedro Cevallos contra la alianza lusitana-inglesa, derrotándolos y recuperando temporalmente Colonia del Sacramento, un enclave enemigo para facilitar el contrabando- será uno de los primeros elementos de cohesión que forjarán con el tiempo, sumados otros elementos, la nacionalidad.
Un ejército que entonces tendrá un papel progresivo, en clave histórica. Las FFAA en determinados momentos de la historia van a cumplir lo que Jorge Abelardo Ramos llama “papel subrogante” es decir se transformarse en partido político debido a la inmadurez de la burguesía. Las invasiones inglesas serán el antecedente que enriquecerán su gesta ya que durante ellas el Pueblo por primera vez se convierte en milicia y luego en Ejército. Nuestras milicias y nuestro Ejército tuvieron como bautismo y como principal enemigo en sus orígenes al imperio británico.
Jorge Abelardo Ramos dirá “La milicia se hará ejército y el nativo se hará argentino en la lucha contra Inglaterra” Esta experiencia va a ser aprovechada más tarde por José de San Martín, lo cual deja de lado cualquier discusión y zoncera que pretende mostrarlo como agente inglés. San Martín era profundamente antibritánico, luchó en España y participó de las Juntas democráticas de Sevilla. Su gran mérito es haber ordenado las milicias, haberlas convertido en ejército regular y haberles dado un programa político.
A partir de esas derrotas militares en 1806 y 1807 en el Río de la Plata, los ingleses no quisieron intervenir directamente más. Buscaron sí, luego, el dominio de los ríos, en la llamada «Guerra del Paraná». Pero no controlar todo el territorio. Después se sumarán los franceses, que pretendieron quedarse con la Mesopotamia, no en forma de colonia, sino como protectorado, como era Marruecos. Un protectorado independiente. Rosas y San Martín sabían que fuimos atacados luego de 1835 por el fin del libre comercio. Otro momento histórico.
Hay otras lecturas sobre las invasiones inglesas. Reino Unido es, por muchos sucesos concatenados, el gran enemigo histórico de Argentina. En términos de Carl Schmitt, son quienes más hicieron por «destruir nuestra esencia». Nuestra identidad común, nuestra historia, nuestro espíritu y materialidad. Nos resulta más afín hablar de la sangre derramada en Malvinas, pero en proporción, la resistencia del pueblo del Río de la Plata para derrotar al invasor costó muchísima más sangre.
El olvido de ellos no sólo es injusto, sino una atrocidad que ataca nuestro propio ADN histórico, sin el cual, no seríamos lo que hoy somos, con blancos, grises y negros en nuestra mochila.
Hoy no se habla de aquellos patriotas muertos. Sin pudor, nuestra clase dirigente comparte fiestas con embajadores británicos que hacen caso omiso de la presencia colonial en Malvinas.
Pero que también hacen caso omiso de un elemento fundamental de las invasiones inglesas: el robo, durante la primera invasión en 1806, de todos los recursos de la Hacienda del Virreinato.
Es que Beresford, que fue expulsado luego de casi dos meses al frente de Buenos Aires, logró el cometido central que tenía la incursión militar británica: el pillaje de nuestra riqueza. Aunque perdió militarmente, Beresford sería luego aclamado en Londres, paseando en carros, por las calles inglesas, una fortuna que actualizada a mediados de 2010, representaba unos 80.000 millones de dólares, según cálculos del historiador Julio González.
Se llevaron el producto de nuestro «Banco Central de entonces». Nuestras reservas. Y es tan importante esta rapiña, en términos históricos, que según Forero y otros historiadores, causó graves problemas económicos, derivando en el mediano plazo en el proceso de endeudamiento externo que impulsarían élites locales ligadas a los ingleses, mediante el empréstito con la Baring Brothers.
Sí, las invasiones inglesas fueron el inicio del proceso del ciclo de endeudamiento externo argentino. Una de las formas más sofisticadas del colonialismo.
Es por todo ello una fecha crucial, que jamás debemos olvidar.
Compartimos en este posteo una imagen de un diario de Londres de la época, celebrando el robo inglés de los recursos del Virreinato, parte de nuestra heredad histórica indisoluble.
Luis Moro

