Un futuro de desarrollo para Argentina solo es viable apostando a una estructura productiva diversificada y compleja.Por Juan Carlos Hallak (*) y Andrés López (**)
En los últimos días, a raíz del debate sobre la flexibilización para importar bienes de capital usados, un alto funcionario del Gobierno nacional invitó a imaginar un nuevo cordón industrial entre Neuquén y Bahía Blanca, atado a las oportunidades que abre Vaca Muerta.
El planteo es estimulante y necesario: pensar estratégicamente cómo apalancar la riqueza energética, promoviendo encadenamientos a lo largo de la cadena de valor.
Pero también entraña un riesgo: limitar la atención a las oportunidades de desarrollo productivo asociadas a la explotación de nuestros recursos naturales, principalmente los no renovables. Por el contrario, creemos que un futuro de desarrollo para Argentina solo es viable apostando a una estructura productiva diversificada y compleja, que de lugar a ganancias sostenidas en materia de productividad y genere suficientes empleos de buena calidad.
Afortunadamente, no necesitamos empezar de cero para avanzar en esta dirección.
Ya existe una Argentina productiva moderna, diversificada, con cientos de empresas competitivas que están trabajando y exportando hoy mismo.
industria argentina
Hay múltiples cordones industriales con empresas líderes que producen manufactura con calidad, innovan y exportan en maquinaria agrícola, equipos médicos, autopartes, alimentos, farmacéutica, química y otros sectores.
En el agro existen empresas con capacidades avanzadas en semillas y genética, así como en el mundo ag-tech.
Dentro de los servicios basados en conocimiento exportamos software, videojuegos, servicios profesionales, audiovisuales y de ingeniería.
En los sectores de alta tecnología son muchas las firmas que compiten con éxito en el mercado internacional, desde íconos como INVAP o Bioceres, hasta startups de inteligencia artificial, biotecnología o espaciales. En suma, no hace falta inventar el futuro: buena parte de él ya está en marcha.
La pregunta, entonces, no es qué Argentina productiva podríamos tener, sino qué políticas necesitamos para potenciar tanto la que ya existe como la que podría desarrollarse en base a las oportunidades de la energía y la minería.
Vaca Muerta y la minería son oportunidades valiosas. Pero no deben eclipsar a la Argentina productiva que ya existe.
Algunas líneas son evidentes y compartidas: estabilidad macro, reducción de impuestos, desregulación cuando es pertinente, acceso al crédito. También mejoras en infraestructura y educación. Pero hay otras igual de importantes que suelen quedar fuera del radar.
Solo para mencionar algunas de ellas, Argentina necesita una política sólida de promoción de exportaciones y de atracción de inversiones, que coordine a los organismos nacionales y provinciales con competencia en el tema en función de una agenda definida de internacionalización productiva.
Una política activa de calidad e infraestructura técnica, que fortalezca los servicios de metrología, certificación y ensayos para cumplir estándares internacionales.
Una política de innovación que conecte de manera efectiva al sistema científico-tecnológico con el aparato productivo.
Y una política de formación para el trabajo, capaz de identificar las necesidades concretas de las empresas y generar instancias de capacitación alineadas con esas demandas.
El punto de partida debe ser reconocer dónde estamos parados. Vaca Muerta y la minería son oportunidades valiosas. Pero no deben eclipsar a la Argentina productiva que ya existe. No se requieren grandes subsidios ni protección permanente, sino un acompañamiento inteligente de la política de desarrollo productivo.
Ahí está el verdadero camino hacia un desarrollo sustentable. No solo en sueños por construir, sino en capacidades existentes que esperan ser potenciadas.
(*) Profesor Titular de Economía Internacional y director de la Maestría en Economía en UBA Económicas e investigador del CONICET en el IIEP.
(**) Profesor Titular de Desarrollo Económico y director del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) en UBA Económicas e investigador del CONICET.

