Las crisis autoinducidas son en estos tiempos un producto lógico de la incapacidad de conducción política del país. El fenómeno no es nuevo, pero se acelera.
El 80% de los ingresos de FADEA, heredera de la gloriosa Fábrica Militar de Aviones -que dio a luz toda la industria automotriz y autopartista nacional, entre otros desarrollos- provienen de los contratos de mantenimiento que vinculan a la firma con la Fuerza Aérea, para reparar aviones Hércules, Pampa, y otros.
Desde que asumió el gobierno de Javier Milei, Defensa virtualmente se desinteresó completamente por la continuidad de esos contratos. Las demoras desproporcionadas en resolver cuestiones administrativas básicas, no pueden tener otra lectura.
FADEA hace un año y medio prácticamente no puede firmar ningún contrato con la Fuerza Aérea, por dilaciones del ministerio de Defensa. ¿Dónde piensa el gobierno nacional reparar aviones argentinos a futuro? ¿Dónde piensa entrenar el Estado a los futuros pilotos, que hoy utilizan los Pampa? ¿En EEUU? ¿En Inglaterra? Si cierra FADEA, mantener aviones argentinos y entrenar pilotos en otras latitudes, será mucho más costoso. ¿Eso es lo que quiere el mileismo?
Todo es un sin sentido. El Estado acaba de comprar aviones de combate F-16 a Dinamarca… pero ningún piloto puede volarlos si no entrena previamente en un avión argentino Pampa. Aviones que necesitan mantenimiento constante.
La situación es ridícula. Por ejemplo, nuestro país posee seis aviones Hércules actualmente. Pero tres de ellos están «parados» en los hangares de FADEA desde hace dos años: no se pueden reparar ni tocar porque no hay contrato que lo permita.
Se encuentran suspendidos los trabajos de FADEA vinculados a los aviones Malvinas, Pampa, Pucará Fénix.
Hoy no corren peligro únicamente las fuentes de trabajo de 720 operarios, altamente calificados. El nivel de autodestrucción -que propone en los hechos este gobierno- ataca directamente las capacidades nacionales edificadas a lo largo de varias generaciones.
Está en juego lo heredado por profesionales, técnicos, trabajadores, planes de defensa nacional. Es que la Fábrica Militar de Aviones de Córdoba fue la primera de América Latina, fundada un 10 de octubre de 1927 por el Ing. Francisco de Arteaga. Se convirtió desde entonces en un formidable polo de desarrollo industrial, durante el gobierno de Marcelo Torcuato de Alvear (período 1922-1928). Llegó a producir los primeros aviones a reacción de Sudamérica, quinto país en el mundo que logró esa hazaña. Presiones norteamericanas a distintos gobiernos, detuvieron aquella inercia creativa, productiva.
Por entonces, 1927, y al influjo de la doctrina prusiana de Defensa impuesta por Ricchieri en 1904, último gobierno de Julio Argentino Roca, el país se concentraba a través del Estado en administrar actividades estratégicas. Así surgieron YPF de la mano de Enrique Mosconi, así surge la Fábrica Militar de Aviones. Luego vendrá el acero con Manuel Savio, en los 30. Más tarde el desarrollo social e industrial de la mano de Juan D. Perón, aprovechando el envión de la sustitución de importaciones nacida tras la crisis del 29.
Es importante comprender esto: para la doctrina prusiana, la más avanzada del mundo por entonces, la concepción de la Defensa es integral. No hay soberanía con dependencia económica y productiva en sectores estratégicos. No hay soberanía con un pueblo sin trabajo, sin educación. Estas ideas empalmaron, se mezclaron, con nuestra tradición e ideario propio, la impronta sanmartiniana, los aportes de la generación del 80 que dieron luz a la modernidad nacional.
La Fábrica Militar de Aviones, orgullo argentino, fue pionera en Sudamérica y la industria del ramo más avanzada de la región. ¿Y por qué es importante la industria aeronáutica? Porque es una industria de industrias.
Encadena procesos, derrama surgimiento de conocimientos e industrias.
Si bien el cambio de la doctrina de Defensa nacional modificó la dinámica productiva de la Fábrica Militar de Aviones desde mediados de los 50, hay que decir que la firma funcionó bastante bien, hasta hace tres décadas.
El decaimiento de FADEA, progresivo y continuo, se inicia con la aplicación de las políticas neoliberales de la última dictadura militar, de cuño pronorteamericano, en lo vinculado a las políticas de defensa.
Desde entonces, la crisis económica y productiva inducida por las recetas de Milton Friedman, aplicadas acríticamente en nuestras tierras, y la mutilación permanente del presupuesto de un área estratégica, sólo basta ver la progresión en el tiempo, no hicieron más que poner en jaque a la actual FADEA. Y a todo el sistema de defensa.
Y este es un tema muy sensible: sin disuasión militar, y sin desarrollo tecnológico, ningún país puede proyectar su soberanía en el tiempo.
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Es decir, para aquellos que hablan únicamente de «preservar derechos», deberían entender que ningún país puede sostener sus funciones básicas (salud, educación, seguridad, etc) si destruye su entramado productivo y defensivo. Dicho de otra manera, más básica: no existen derechos, sin proyectar soberanía. Mucho menos puede existir democracia y Estado, sin soberanía. Es dialéctico.
La semana pasada, como FADEA no tiene ingresos, sólo pudo abonar el 30% del sueldo de los trabajadores de la planta. Pero ese no es el único problema: el 60% de los ingresos de FADEA se destina a insumos, muy costosos. Sin presupuesto, no hay acceso a ellos.
Volviendo al personal, altamente calificado, la mayoría de ellos está cobrando sueldos miserables, ingresos de bolsillo que no llegan al millón de pesos mensuales. ¿Así cuidamos a nuestros mejores técnicos aeronáuticos? En cualquier empresa privada del mismo ramo, esos mismos operarios cobra tres veces más. ¿Están buscando un vaciamiento de trabajadores calificados?
Desde el lunes pasado, y por 72 hs, la planta permanece cerrada aguardando una solución desde Buenos Aires para la firma de los contratos con la Fuerza Aérea.
El jueves, ojalá, vuelva a abrir sus puertas.
Luis Moro

