El nuevo informe del SIPRI (Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz) revela una tendencia preocupante para Argentina: en 2024 el país destinó apenas un 0,62% de su PIB a Defensa, el valor más bajo de la serie histórica.
Solo con comparar la situación Argentina con la inversión en Defensa de los países vecinos, se puede observar la decadencia del país en un área sensible para cualquier nación del mundo.
No sólo preocupa el bajo presupuesto, sino la progresión decadente, resultado de varias décadas de desfinanciamiento y desinversión en equipamiento.
La Defensa es, ante todo, la llave disuasiva, la herramienta (aunque no es la única, es trascendente) que permite garantizar la soberanía, la libertad, los derechos de la población, y el poder necesario, el peso real a la hora de las negociaciones internacionales.
Decenas de países que renunciaron a su poder disuasorio, como lo demuestra la historia, han desaparecido.
Para analizar estas problemáticas, es necesario despejarse de prejuicios políticos e ideológicos, y comprender la situación apelando al realismo político, en un contexto mundial sumamente complejo.

