Nunca abras la puerta a un mal menor, ya que otros y mayores, invariablemente se meten detrás.
Ayer L. Caputo, en una importante reunión empresarial, ratificó el segundo blanqueo de hecho 2025. Y el presidente, en su discurso — que partió del origen prehistórico del dinero — hizo una ratificación enfática.
Javier cerró pronunciando su habitual «hijos de puta» dirigido a aquellos y aquellas, que no suscriben los pesares y promesas del anarcocapitalismo local. Y levantó la bandera de largada del blanqueo al que llamó «dolarización endógena» y comprometió el próximo cierre del Banco Central, lo que terminará — según Milei — con el «robo que la política le hace a los habitantes con la emisión monetaria» y cerró, con la que parecía olvidada, «Viva la libertad, carajo».
El empresariado, allí presente, saludó con una ovación, luego de las sonrisas de adhesión que provocó Javier al recordar que, para él, los que fugaron dinero son héroes que lo hicieron para evitar que el Estado los robara.
Fue la prédica de una «revolución cultural» que contradice, de la «A a la Z», el significado de la elección del nombre de León XIV por parte del nuevo Santo Padre que así reivindicó al Pontífice que dictó la «Rerum Novarum», Encíclica que colocó, en el centro de la tarea del Estado, la promoción del Bien Común.
Las palabras de Milei fueron mala noticia para las autoridades monetarias, ya que «si emitir es robar», desde que asumieron, por lo menos, se duplicó la cantidad de billetes y monedas. Y además el BCRA transfirió a Tesoro 12MM de pesos, emitidos en concepto de utilidades, para cancelar obligaciones no renovadas.
Más allá del rechazo a la media sanción de «ficha limpia», donde unos y otros se acusan de maniobras inconfesables, la semana económica se inició con la propuesta del «trader» Caputo II de una más que libérrima ronda de «viva la pepa» para evasores que incluye, pequeños ahorristas y narcotraficantes,
Detrás de este «show de novedades» hay un dato que tal vez no importa a las Autoridades: su objetivo único es el de la disminución de la inflación. Ese dato es que a pesar de pronósticos optimistas de crecimiento de la actividad, el PIB ph a fin de 2025 será aproximadamente igual al de 2023. Todo estancamiento — y llevamos décadas — anuncia el estado de malestar.
¿El gobierno intenta abandonar «ese malestar»? Dice que, sin presionar precios, lo hará promoviendo que los dólares salgan del colchón: «reactivación por monetización con dólares» y que la cotización se derrumbe al piso de la banda y podrá comprar las Reservas comprometidas.
Caputo II no puede haber olvidado que, por no cumplir sus compromisos durante el gobierno de Macri, el FMI hizo rodar su cabeza.
Tal vez este nuevo blanqueo a la «marchanta», crea Caputo II que es un «mal menor». Pero Gracián nos dijo: «Nunca abras la puerta a un mal menor, ya que otros y mayores, invariablemente se meten detrás».
De puertas abiertas al «mal menor» está repleto el camino de nuestra barranca abajo.
Por eso, no es bueno actuar gobernados por «el desesperar» que hace abrir esas puertas.
Desesperar es la acción, o el efecto, de perder la confianza en que se cumpla un deseo ¿Qué deseo incumplido lo lleva a abrir esta puerta?
¿Qué otra cosa que cierta desesperación puede provocar abrir una puerta de «mal menor», desconsiderando sus «consecuencias» probablemente inevitables?
Un blanqueo «dos» — para Caputo II necesitado de reactivación y de dólares para las Reservas -según su «delicado» lenguaje, es necesario y se justifica porque a aquellos que no tienen ahorros en blanco, «les rompen los cocos» cuando les preguntan ¿de dónde la sacaste?
El entiende que esas preguntas deben terminar: para él no tiene valor la conducta fiscal, no tiene importancia cuál sea el «origen» del patrimonio. Lo que cuenta es «lo que tenés», no el cómo: resume las prácticas de un sistema de valores que consagra el «éxito», prescindiendo de los medios para lograrlo. Tal vez estas consideraciones «carezcan de importancia», pero tienen consecuencias: ¿qué orden sistémico resulta de un Estado que procura que cada cual haga lo que le convenga, aunque no corresponda, porque, si tiene éxito, no importa cómo, «será un ganador respetado»?
Hombre de éxito, el ministro, implementará las normas para que acabe la incomodidad de las preguntas. Ninguna autoridad ahora podrá preguntar: «por qué evadió impuestos durante 10 años», o por qué «vendió merca» o «salió de caño» o por qué cobró «una cometa» como funcionario (antes u ahora). Eso sí, habrá un límite por ciudadano. Los 200M U$S del «senador Kuider» se excederían en la mitad… Pero, pregunto: algún Kirchner podría gastar libremente parte de los 5MU$S que, a Florencia, le encontraron en la caja del Banco de Galicia.
El ARCA dejará de «romper los cocos»; aunque el GAFI, en una de esas, piensa que ésta es una puerta más para el lavado de dinero.
¿Qué nos hace una mancha más si tenemos un éxito? Seguramente el Parlamento argentino — el peso de la «cultura del éxito»- hará la vista gorda.
Pero tal vez el GAFI nos advierta que el grito de «Viva la libertad carajo» no podrá ocultar la maravillosa admonición de Madame Roland: «¡Oh,Libertad!¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre!» que sugue vigente.
Evadir impuestos está mal. Pero no es así para el presidente Milei que, en el Hotel Lla Llao, frente a empresarios amigos, entusiastas, muchos con residencia fiscal en el exterior y utilidades en la Argentina, dijo: «El que fuga es un héroe. Logró escaparse de las garras del Estado» … «si los compran en negro mejor porque así no tienen que pagar una serie de impuestos estúpidos» (24/4/24). Lo de ahora no es una improvisación. Es la consecuencia deseada de una «revolución cultural», por ejemplo, la Justicia Social es un robo.
Tal vez algunos funcionarios del gobierno, con fondos blancos en el exterior — como consta en sus DDJJ — en una demostración de coherencia, transformen esos atesoramientos en gastos dentro del país para «monetizar» la economía (como dice Caputo II) y así contribuir a bajar la brecha o a incrementar las Reservas.
Todo este desaguisado tal vez se desencadena porque Caputo II está perdiendo la confianza en poder cumplir con las metas de acumulación de Reservas que le ha impuesto el FMI.
Cuando las cosas se desencajaron, Caputo II «el mago de las finanzas» — un hombre no muy atado a ideas «obsoletas» como «equidad, igualdad de trato» (Ej. Tierra del Fuego «derechos adquiridos») –
logró sortear una situación extremadamente difícil, en materia cambiaria, con su primer blanqueo. El ministro tiene como pilar de su doctrina que «la Argentina muy cara en dólares es una Argentina exitosa». Ese blanqueo fue y es, una burla colosal para los que blanquearon antes y un festival de burlas para los contribuyentes honestos. Un golazo, en términos del gobierno. Y una contribución a la Argentina cara en dólares.
No duró demasiado: esas ingenierías no atacan el origen sino el síntoma de la enfermedad. La Argentina no produce los dólares que necesita.
No sólo porque el tipo de cambio está atrasado (en términos de equilibrio general) con la finalidad de contribuir a la estabilización forzada (que aporta el apoyo electoral) y de apoyar los beneficios del «carry trade» (que aporta el apoyo entusiasta del poderoso sistema financiero), sino por la ausencia — de larga data — de una política económica que contribuya sostenidamente a la productividad sistémica.
Política, cuya ausencia, es la medida del fracaso homérico en lograr el pleno empleo, el empleo productivo, basado en la inversión reproductiva, la exportación de valor agregado, la progresiva distribución de la riqueza y la erradicación de la pobreza.
Esos logros — no alcanzados y hoy no programados y que no forman parte de los objetivos de la política económica — serían los cimientos de una democracia socialmente productiva que no tenemos.
El primer blanqueo fue una bocanada de oxígeno para una política que hace equilibrios suicidas para no terminar asfixiada. Y cuando «la tablita» fue amenazada de muerte en abril, por una realidad de días de ventas de dólares que el BCRA no tenía, llegó la caballería del FMI convocada por las excelentes vinculaciones tejidas en el mercado financiero de NY. Es cierto, un profesional de la política económica como J.Cottani, fue reemplazado por un profesional de las operaciones financieras, como el chileno JC Daza quien ya ha demostrado su capacidad para motivar el apoyo del Secretario del Tesoro y su influencia sobre el FMI. Algo de esto había sugerido hacer R. Dornbusch en 2001. Y tal vez Caputo II lo hizo.
Éramos, antes de este préstamo, el principal deudor del FMI y ahora tenemos casi la mitad de su cartera: en esas condiciones ningún acreedor puede condenar al deudor, sin sufrir las consecuencias.
Lo cierto es que, por ahora, no estamos pudiendo cumplir con los compromisos derivados del acuerdo con el FMI: acumular reservas. Y si «desesperar» es perder la confianza en lograr un deseo, entonces, este «blanqueo dos» -muy peligroso — es hijo de la desesperación, pase de magia, jugada astuta. Imaginería de las finanzas.
Las reservas no aumentan. Tampoco hay evidencia de ingreso de capitales del exterior. Milei aseguró que no comprará Reservas del BCRA o fondos para el Tesoro, arriba de 1000 pesos por dólar y el dólar parece que, por ahora, no se derrumbó hasta allí. ¿Cuál sería la consecuencia real de ese derrumbe si se torna estable?
Si no baja no cumpliremos el compromiso con el FMI. Y si no baja el «riesgo país», «rollear» la deuda, si fuera posible, lo sería a una tasa que más que triplica la tasa de crecimiento optimista del PIB a mediano plazo. Es decir, incrementando el peso de la deuda sobre la economía: «dólares para pagar que dejan de ser dólares para crecer».
Lo único que promete Caputo II es que, con toda esta ingeniería, bajando el dólar tendremos una Argentina muy cara en dólares. Y como él sostiene, una Argentina cara en dólares, nos hará un país rico.
Eso sí, sin empleo, con conurbanos explosivos y con chicos que no comprenden lo que leen ¿Eso no nos hace desesperar?
Carlos Leyba
El Economista

