Por otro lado, casi todos -9 de cada 10- plantean que cuidan más sus gastos que un año atrás y tres de cada cuatro no pueden ahorrar nada.
En este contexto, los consumidores están tomando decisiones incómodas y muy concretas: dos de cada tres sostienen que se vieron obligados a resignar consumos el último mes, sobre los ya resignados antes. El fenómeno no es nuevo, sino que se profundiza.
Ese recorte se concentra en lo más básico: alimentos y bebidas. Y sobre todo, carne. Luego se mencionan las salidas y la ropa. Si no hay lugar para lo básico, menos para lo que hoy se considera accesorio o prescindible.
Es lógico que dos de cada tres se muestren preocupados por su situación económica personal. Más aún cuando, entre aquellos que tienen trabajo, el 66% reconoce estar muy o bastante preocupado por la posibilidad de perderlo.
El 70% sostiene que la actual cotidianeidad, signada por la restricción frente a lo acostumbrado (o lo esperado) y la incertidumbre o el temor por el futuro, los tiene ansiosos.
Como es sabido, la ansiedad es un mal de época que afecta a los ciudadanos de buena parte del mundo.
De tanto mencionarla, suele perderse de vista lo que verdaderamente expresa esta palabra. La Real Academia Española (RAE) la define como “un estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo” .
Dado lo que se ve en la dinámica real de los mercados, no llama la atención lo que muestran las opiniones de la población.
El primer bimestre del año no comenzó bien. Los volúmenes de ventas fueron, en su gran mayoría, menores que los del primer bimestre del año anterior. Esta caída se suma a la que vivieron prácticamente todos los sectores del consumo –con la excepción de la venta de inmuebles, autos, motos y viajes al exterior– durante el período acumulado de los años 2024 y 2025.
Guillermo Olivetto
La Nación

