2026-05-22
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Fin del cepo en tiempos de guerra comercial, ¿jugada estratégica o salto al vacío?

Argentina frente al escenario mundial

Fin del cepo en tiempos de guerra comercial, ¿jugada estratégica o salto al vacío?
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Liberar el mercado cambiario justo cuando el mundo se ve forzado a repensar sus cadenas de producción permite a la Argentina reposicionarse en el mapa económico global y ser una alternativa más interesante para la relocalización de capitales.

En los últimos días, el ministro de Economía, Luis Caputo y el Banco Central anunciaron una reforma al régimen cambiario que comenzó a regir a partir del lunes. El nuevo esquema funciona bajo un sistema de «bandas cambiarias», donde el precio del dólar puede fluctuar entre los $1.000 y $1.400. Esta liberación incluye, por primera vez desde 2019, a personas físicas, lo que en términos prácticos representa la eliminación del cepo cambiario que rigió durante los últimos cinco años.

La medida llega inmediatamente después de que el Gobierno alcanzara un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional por US$ 20.000 millones, lo cual permitirá fortalecer las reservas del Banco Central. El anuncio del acuerdo con el Fondo se conoció apenas un día después de que el Banco Central argentino y su homólogo chino firmaran la renovación del swap de monedas por US$ 5.000 millones, por un plazo de doce meses.

Estas dos fuentes de financiamiento —una del FMI y otra del Banco Popular de China— no sólo fueron condiciones necesarias para la salida del cepo, sino que también revelan algo más profundo: la disputa geopolítica por la influencia económica en Argentina. Que ambos acuerdos hayan sido aprobados en plena escalada de la guerra comercial entre Estados Unidos y China no puede leerse como una mera coincidencia. Es, más bien, una expresión del compromiso implícito de ambas potencias por sostener su presencia económica en el país, cada una a su manera y con sus propias fichas sobre el tablero.

Una puja de influencias que, a simple vista, parece estar siendo ganada por Estados Unidos, sobre todo ante la alineación automática de Milei con Washington. Diez viajes al país norteamericano desde que asumió el cargo, ninguno a China. El presidente argentino no oculta su voluntad de dinamitar el Mercosur —organismo que desprecia— si eso le permite avanzar en un tratado de libre comercio con los norteamericanos.

Sin embargo, cuando se trata de financiamiento, la historia es otra. Argentina no discrimina entre yuanes y dólares. A la hora de sumar reservas, todo vale, y la sed por financiamiento en moneda extranjera supera cualquier alineamiento ideológico.

De hecho, la reactivación del swap chino fue una jugada estratégica que no pasó desapercibida. Se realizó a pesar de las advertencias explícitas de Mauricio Claver-Carone, asesor clave de Donald Trump y exdirector del BID, quien había pedido públicamente que Argentina no renovara el acuerdo con China. Una decisión que puede leerse como un gesto de autonomía en medio de la tensión global, y una apuesta a no quedar atrapado entre las líneas de fuego de la guerra comercial.

Por ahora, los beneficios concretos de la afinidad con Estados Unidos no son tan evidentes. Trump no ha ofrecido a la Argentina un trato diferencial. De hecho, los aranceles del 10% llegaron por igual, y el acceso a la mesa de negociación parece seguir el mismo sendero que recorren nuestros vecinos. Por ahora, el gobierno trabaja en una lista de 50 productos argentinos que podrían ingresar sin aranceles al mercado estadounidense, pero se trata más de una medida paliativa frente a la inestabilidad del contexto que de un gesto contundente de preferencia. La rápida aprobación del acuerdo con el FMI podría leerse como un guiño implícito de la Casa Blanca, y en ese caso, un gol de Milei en medio del panorama internacional adverso.

Ahora bien, ¿dónde quedamos parados luego del entrecruce entre el fin del cepo y la escalada entre China y EE.UU.?

Si bien es sabido que la salida del cepo implica un riesgo en la presión sobre el tipo de cambio y un rebote inflacionario, también se abre una ventana de oportunidad. En el escenario de una guerra comercial entre las dos potencias más grandes del mundo, en donde se reconfigurarán las cadenas de suministro internacional, el levantamiento del cepo aparece como una jugada con timing preciso.

Liberar el mercado cambiario justo cuando el mundo se ve forzado a repensar sus cadenas de producción permite a la Argentina reposicionarse en el mapa económico global y ser una alternativa más interesante para la relocalización de capitales.

La apertura del cepo, en ese contexto, podría ser el primer paso para atraer inversiones en sectores clave como la energía, la minería o la agroindustria, justo cuando ambos bloques —Estados Unidos y China— necesitan diversificar sus fuentes de abastecimiento y reducir su dependencia mutua. Argentina tiene una oportunidad histórica para posicionarse como un socio relevante para ambos bloques, si es que logra adoptar una mirada más pragmática y menos ideologizada.

 

 

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