Tenemos un gran problema en nuestros centros de formación para interpretar la historia, en cada etapa. Es la anulación de la política internacional -la verdadera política- como paraguas de los sucesos hacia el interior de las naciones. No se enseña en nuestras carreras universitarias, salvo de manera muy marginal, la geopolítica. En cambio, norteamericanos, ingleses, europeos en general, chinos, rusos, si la estudian como materia fundamental, para ensamblarla con los sucesos producidos hacia el interior de los países. Sin esa dialéctica, transformando a la historia en una mera lucha de sectores internos, sin conexión con el mundo, estamos falsificando la historia. Y eso nos hace incurrir en errores conceptuales groseros.
En el video que compartimos a continuación, Richard Nixon, quien fuera entre 1953 y 1961 vicepresidente de EEUU, levanta la mano del golpista Isaac Rojas, festejando los cambios gubernamentales en la Argentina de entonces. Rojas fue uno de los responsables del magnificio en Plaza de Mayo con los bombardeos a la población civil (más de 300 muertes según cifras oficiales, en junio de 1955), hecho luctuoso -el atentado terrorista más importante de la historia argentina- que preparó el terreno para la instalación de la dictadura que derrocó al segundo gobierno democrático de J. D. Perón, el 16 de septiembre de 1955. Richard Nixon, en 1968, será elegido presidente de EEUU, en momentos en que se empieza a cocinar, en las usinas de la CIA norteamericana, «El Plan Cóndor» para América Latina. Pero su vínculo con la intervención imperial en el Hemisferio Sur, justificado por el «problema comunista», viene de mucho antes, por eso el festejo junto a Rojas. Ya en mayo de 1948, Nixon había copatrocinado un proyecto de ley -Mundt-Nixon- para implementar «un nuevo enfoque para el complicado problema de la subversión comunista interna … «.
Y ese enfoque, el de la lucha antisubversiva o contrainsurgente, se traslada rápidamente por toda América Latina. Como afirma María Seoane en «El Burgués Maldito», junto a decenas de historiadores, muchos silenciados por el sistema cultural hegemónico, la «Doctrina de Seguridad Nacional» comienza en 1954, con el derrocamiento del presidente guatemalteco, Jacobo Arbenz. Y está implícita en el discurso de asunción del presidente norteamericano Harry Truman, en enero de 1949, cuando pone énfasis en la lucha «contra el comunismo», que en Sudamérica fue la mascarada para destruir todos los procesos de nacionalidad (el citado Arbenz, Vargas en Brasil, Perón en 1955, Venezuela, Perú, Ecuador, todos… es un proceso dirigido).
En realidad, si seguimos la geopolítica norteamericana de la época -Nicholas Spykman, continuidad de la Doctrina Monroe de 1822- la destrucción del polo de poder en el sur del continente -con el ABC, el proyecto de integración de Argentina, Brasil y Chile que significaba un contrapeso político frente a las aspiraciones imperialistas de EEUU, era un objetivo buscado por la diplomacia norteamericana.
Esta línea intervencionista se reafirma en 1956, en la primera reunión de presidentes de América que se realiza en Panamá, donde va el entonces mandatario argentino de facto, Pedro Eugenio Aramburu. Allí ya se establece la entrega. Los Comandos en Jefe se hacen cargo de esa situación en una reunión dos años más tarde, en Costa Rica. Y allí los EEUU sostienen: «como ya no pueden existir guerras internacionales, las FFAA tienen que ser las defensoras contra el comunismo. Y deben tomar el poder, la prueba está que después de Costa Rica se afianza la cadena de golpes de Estado». Lo de Argentina, no escapa al proceso histórico de América Latina.
Y es que EEUU dominan entonces la seguridad de todo el hemisferio occidental capitalista. Por eso no es casualidad que los mismos militares franceses de la OAS -la ultraderecha colonialista gala que asoló Indochina y Argelia, y que habían sido financiados por la CIA para desestabilizar a De Gaulle en ese país africano-, sean los mismos que llegan a la Argentina en 1957 a instruir al ejército nacional en técnicas de contrainsurgencia, detenciones ilegales, tortura, división geográfica del territorio en cuadrículas represivas controladas por la Inteligencia Militar y las Fuerzas Armadas, etc.
Porque tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, nada de lo que sucederá en el plano de la «seguridad» queda al margen de la tutela norteamericana. La URSS deja hacer en este hemisferio americano a los yankis: es parte de la arquitectura internacional y el reparto imperial del mundo acordado en Yalta y Postdam. Por eso los soviéticos no moverán un pelo en la invasión a Santa Domingo, ni EEUU intervendrá en la represión de la URSS operada en Praga y en países «satélites».
El origen del terrorismo de Estado moderno en nuestro país se sitúa a mediados de los 50, en el marco de la geopolítica descripta. Es que, como vemos, no se puede explicar la tortura, la muerte y la represión de los 70, sin el laboratorio político, social y económico que se va cocinando desde los años 50 y los 60, bajo la atenta conducción norteamericana y el «dejar hacer» soviético en nuestro hemisferio.
La crisis de los misiles en Cuba, será otra historia, que tampoco puede leerse de manera lineal.
Luis Moro

